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Mostrando las entradas etiquetadas como Sustancia

El Dios de Spinoza

Dios es, para Spinoza, una Sustancia (def.6). Y una Sustancia es aquello que es "en sí" y se concibe "por sí", es decir, aquello cuyo concepto no depende de otro para formarse (def. 3).  Dios, en concreto, es la Sustancia absolutamente infinita, con infinitos atributos. Y un atributo es aquello que el intelecto entiende como necesario de una Sustancia (def 4). Puestas así las cosas, no podrá haber dos sustancias. En efecto, una Sustancia no podrá ser producida por nada (E1,1-6), tampoco por otra Sustancia, en realidad, por definición (no depende, tampoco en su producción, de otra).  La Sustancia no es divisible (E1,12-13), pues se formarían inmediatamente dos sustancias, algo absurdo, porque solo puede haber una.  Queda entoces solo la posibilidad de la existencia para la sustancia divina. (E1, 14). Y que además es una existencia necesaria (E1,11). En efecto, como no precisa el concepto de otra cosa para formarse es "causa sui" (def. 1). Y la causa sui es,...

Significado de la Poesía

En el TTP Spinoza dice que los profetas no son impostores, sino que han tenido una imaginación muy viva y han sido capaces de hallar las verdades morales sin pasar por los caminos de la Razón. El amor y la generosidad serían la clave de bóveda del mensaje de Cristo.  Análogamente, ciertos poetas, con una imaginación desbordante, cantan las verdades divinas, pero en este caso relativas a la Unidad de la Sustancia, a la inmanencia divina, a la infinitud absoluta de Dios, a la presencia en todo de Dios... sin pasar por la Filosofía (por el De Deo), aunque algunos acérrimos spinozistas como Goethe sí lo hicieron. 

Sobre la Intuitio (tercer género de conocimiento)

Ríos de tinta se han vertido sobre el tercer género de conocimiento de nuestro patrón, Spinoza. Se ha comparado con la línea platónica; o con el tercer grado de abstracción de Aristóteles, por citar dos referencias clásicas.  Cuando Spinoza aborda in recto la potencia de la Intuitio en la Quinta parte, desde E5, 20 sc, remite a E2, 47 sc, donde dice que "la mayor parte de los errores consisten simplemente en que no aplicamos correctamente los nombres a las cosas". Y aquí se suscita una cuestión crucial. ¿Quiere esto decir que si tuviésemos el nombre exacto de las cosas viviríamos "intuitivamente"? Dicho de otro modo: en tanto que se tenga el nombre exacto de alguna cosa, ¿se participa de la esencia de Dios, de nuestra Sustancia? Por último, ¿qué relación tiene esto con la tradición judía que se remonta al Génesis?