El hombre, en el estado de salvajismo, necesitaba, para sobrevivir, saber dónde cazar, o dónde estaba el río. Y con eso le bastaba. No necesitaba más en su vida. Pero conforme las sociedades se han hecho más complejas, los hombres han ido necesitando un mapa del mundo. Conforme se van haciendo utensilios, herramientas, van apareciendo una serie de instituciones, vinculadas a la agricultura y la ganadería. Del nomadismo se pasa al sedentarismo. Este cambio supone asentarse en un territorio y entonces se da la posibilidad de fundar sociedades políticas. Con los excedentes de producción comienza también, según las clásicas tesis marxistas, el comercio y la Historia. La ciudad se hace posible con la escritura (leyes, administración, comercio), y al haber una multiplicidad de ciudades, comienzan las fricciones y los problemas entre ellas. El contacto de las sociedades, cada una con sus mitos y ritos, hace que salte la polémica, la crítica. Y entonces ya hace falta un mapa del mundo. Y ese es el origen de la Filosofía.
La captura de Nicolás Maduro por parte de la administración Trump y la invocación de la Doctrina Monroe el pasado 3 de enero no deben leerse bajo el prisma del moralismo jurídico, sino bajo la cruda luz de la potencia. Como explica Spinoza en su Tratado Político , el derecho de cada uno se extiende hasta donde llega su potencia, y en el escenario internacional, donde no existe un poder común superior, los Estados permanecen en un estado de naturaleza. En este contexto, la soberanía no es un concepto absoluto, sino una relación de fuerzas siempre relativa. Spinoza es tajante en el capítulo III, punto 7: una sociedad es dueña de sí misma ( sui juris ) solo en la medida en que puede dirigirse por la razón y defender su territorio. Venezuela, bajo el régimen de Maduro, se convirtió en una entidad dependiente ( alterius juris ), no solo por la injerencia externa, sino por su propia degradación interna. Un país que condena al exilio a unos ocho millones de ciudadanos, tiene presos políticos ...
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