La ética y la moral no se definen por las Tablas de la Ley, ni por la conciencia del deber. Tampoco por la "capacidad propia", porque la ética es un conjunto de normas dadas en una sociedad. La ética y la moral se distinguen en los fines de esas normas. Así, las normas éticas están orientadas a preservar y favorecer la integridad física y psicológica de cada individuo (firmeza y generosidad), pero la moral (mos, moris) está orientada a preservar el grupo. A veces las normas éticas y morales entran en conflicto, por ejemplo en la institución de la vendetta. O en los flujos migratorios descontrolados.
La captura de Nicolás Maduro por parte de la administración Trump y la invocación de la Doctrina Monroe el pasado 3 de enero no deben leerse bajo el prisma del moralismo jurídico, sino bajo la cruda luz de la potencia. Como explica Spinoza en su Tratado Político , el derecho de cada uno se extiende hasta donde llega su potencia, y en el escenario internacional, donde no existe un poder común superior, los Estados permanecen en un estado de naturaleza. En este contexto, la soberanía no es un concepto absoluto, sino una relación de fuerzas siempre relativa. Spinoza es tajante en el capítulo III, punto 7: una sociedad es dueña de sí misma ( sui juris ) solo en la medida en que puede dirigirse por la razón y defender su territorio. Venezuela, bajo el régimen de Maduro, se convirtió en una entidad dependiente ( alterius juris ), no solo por la injerencia externa, sino por su propia degradación interna. Un país que condena al exilio a unos ocho millones de ciudadanos, tiene presos políticos ...
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