Europa es una biocenosis de Estados enfrentados. Ha habido intentos, es cierto, de convertir a Europa en una unidad política más amplia, es decir, en un Imperio. Podemos situar el primer intento en Carlomagno, alrededor del Rin. Después, Carlos I (el emperador más fuerte) tuvo alrededor la Idea (entre otros de Erasmo) de la Universitas Christiana, y cuyo centro sería España. El siguiente sería Napoleón, con Francia como centro del Imperio. El penúltimo intento fue de Hitler, haciendo de Alemania el Estado que dominaría Europa. Finalmente, es la Europa de los mercaderes, el plan Marshall y la OTAN el que se forma mirando a la estrategia general de USA de la contención de la URSS en el marco de la Guerra Fría.
La captura de Nicolás Maduro por parte de la administración Trump y la invocación de la Doctrina Monroe el pasado 3 de enero no deben leerse bajo el prisma del moralismo jurídico, sino bajo la cruda luz de la potencia. Como explica Spinoza en su Tratado Político , el derecho de cada uno se extiende hasta donde llega su potencia, y en el escenario internacional, donde no existe un poder común superior, los Estados permanecen en un estado de naturaleza. En este contexto, la soberanía no es un concepto absoluto, sino una relación de fuerzas siempre relativa. Spinoza es tajante en el capítulo III, punto 7: una sociedad es dueña de sí misma ( sui juris ) solo en la medida en que puede dirigirse por la razón y defender su territorio. Venezuela, bajo el régimen de Maduro, se convirtió en una entidad dependiente ( alterius juris ), no solo por la injerencia externa, sino por su propia degradación interna. Un país que condena al exilio a unos ocho millones de ciudadanos, tiene presos políticos ...
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