Si todavía queda algún ingenuo que cree en el Progreso de la Humanidad se puede curar viendo 10 minutos seguidos de Telediario. No existe el Progreso, ni existe la Humanidad. Existen, en cambio, progresos parciales: en técnicas, en tecnologías, en ciencias... pero no El Progreso, en general. Tampoco existe la Humanidad, salvo como concepto biológico, porque los hombres están partidos, enfrentados, sobre todo a nivel de Estados. Sigue habiendo guerras, desigualdades sociales, fanatismos, pobres y miseria. La superstición, y los fundamentalismos científico, democrático y religioso no paran de crecer.
La captura de Nicolás Maduro por parte de la administración Trump y la invocación de la Doctrina Monroe el pasado 3 de enero no deben leerse bajo el prisma del moralismo jurídico, sino bajo la cruda luz de la potencia. Como explica Spinoza en su Tratado Político , el derecho de cada uno se extiende hasta donde llega su potencia, y en el escenario internacional, donde no existe un poder común superior, los Estados permanecen en un estado de naturaleza. En este contexto, la soberanía no es un concepto absoluto, sino una relación de fuerzas siempre relativa. Spinoza es tajante en el capítulo III, punto 7: una sociedad es dueña de sí misma ( sui juris ) solo en la medida en que puede dirigirse por la razón y defender su territorio. Venezuela, bajo el régimen de Maduro, se convirtió en una entidad dependiente ( alterius juris ), no solo por la injerencia externa, sino por su propia degradación interna. Un país que condena al exilio a unos ocho millones de ciudadanos, tiene presos políticos ...
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