Los derechos nos los asegura un Estado concreto, que en nuestro caso es España. Los franceses tienen sus derechos por ser franceses, y los estadounidenses o mejicanos los suyos. Si el Estado es débil, los derechos no se aseguran, y si el Estado se fragmenta, también. En los lugares donde hay guerras terribles (Yemen, Siria) nadie asegura el derecho a la vivienda, al trabajo y ni siquiera a la vida. Pues bien, si Cataluña se separa, si el Estado se fragmenta, los españoles tendremos menos capacidad y potencia en el mundo de la que ahora tenemos. Muchos partidos políticos españoles han olvidado que solo un Estado fuerte garantiza sus derechos. Por eso tenemos el deber de defender nuestro país, y eso no es nostalgia ni patrioterismo, es defender los derechos de todos.
La captura de Nicolás Maduro por parte de la administración Trump y la invocación de la Doctrina Monroe el pasado 3 de enero no deben leerse bajo el prisma del moralismo jurídico, sino bajo la cruda luz de la potencia. Como explica Spinoza en su Tratado Político , el derecho de cada uno se extiende hasta donde llega su potencia, y en el escenario internacional, donde no existe un poder común superior, los Estados permanecen en un estado de naturaleza. En este contexto, la soberanía no es un concepto absoluto, sino una relación de fuerzas siempre relativa. Spinoza es tajante en el capítulo III, punto 7: una sociedad es dueña de sí misma ( sui juris ) solo en la medida en que puede dirigirse por la razón y defender su territorio. Venezuela, bajo el régimen de Maduro, se convirtió en una entidad dependiente ( alterius juris ), no solo por la injerencia externa, sino por su propia degradación interna. Un país que condena al exilio a unos ocho millones de ciudadanos, tiene presos políticos ...
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